03/09/23

Johannesburgo, una ciudad arisca e insegura

Día 4 / 1 Johannesburgo

Los 5 recién aterrizados en el aeropuerto internacional Oliver Reginald Tambo de Johannesburgo, esperando a que llegue nuestro guía de Tourmundial.


"África tiene en Johannesburgo las más arisca de sus ciudades. Es una urbe arrebatada a los blancos por el orgullo de los negros. Y en sus calles se respira todavía el odio. Rodeada por un dédalo de autovías de circunvalación, es una ciudad tan caótica como fea. Su centro creció n imponentes rascacielos, a imitación de Nueva York, pero apenas quedan ya oficinas allí: los blancos han emigrado a los suburbios de lujo del norte de la ciudad, como Sandton, y han dejado sus calles a los miserables y a los ladrones"
Javier Reverte, "Vagabundo en África" (pág. 121).

 

Johannesburgo (en afrikáans e inglés: Johannesburg, en zulú: IGoli, "lugar de oro") es la capital de la provincia de Gauteng y la ciudad más poblada y rica de Sudáfrica. Abreviadamente se le conoce como JHB o Jóburg. Está entre las 40 urbes más grandes del mundo. En África destaca por su población de 9 millones de habitantes junto con El Cairo y Ciudad del Cabo. Entre las instituciones importantes del país acoge la Corte Constitucional que es la de mayor rango en Sudáfrica. Al estar asentada sobre las minas de oro con el depósito más rico del mundo, esta ciudad destaca por su importante comercio del preciado metal y de diamantes por lo que es considerada la "capital financiera" del país y no su capital, como erróneamente se cree a veces. En realidad Sudáfrica tiene tres capitales que son: Pretoria,  capital ejecutiva y sede del Gobierno; Ciudad del Cabo, capital legislativa y sede del poder Legislativo y Bloemfontein ("la ciudad de las rosas"), situada en el centro de Sudáfrica, que es la capital judicial al ser la sede del poder Judicial.


Unos niños con uniforme de colegio pasando por unos puestos ambulantes en la acera de una de las calles del centro de Johannesburgo..


Primeras impresiones

Después de salir del aeropuerto Charles Degaulle de París y pasar toda la noche de vuelo llegamos al aeropuerto internacional Oliver Reginakld Tambo de Johannesburgo hacia las 9 de la mañana del día siguiente. Tras rellenar unos papeles mientras esperábamos en las interminables colas y pasar los respectivos controles de identificación  llegamos por fin al hall central del aeropuerto donde una escultura del antiguo presidente de la república, O.R.Tambo, se erigía en el centro rodeada de pantallas led donde  se proyectaban las imágenes más turísticas del país con sus cinco grandes y sus espectaculares paisajes. Pedimos a una pareja del grupo si nos podían hacer una foto en el hall del aeropuerto mientras llegaban nuestras guías que a los pocos minutos aparecieron. Una de ellas se presentó a todos  como nuestra guía, se llamaba Lupita, era mejicana y llevaba casi 20 años viviendo en Sudáfrica. Nos habló de los sitios tan bonitos que íbamos a conocer como Kruger o Ciudad del Cabo. Nos dijo también que en Johannesburgo podríamos contratar alguna excursión para conocer la ciudad  y también nos advirtió que tuviéramos precaución porque había mucha inseguridad, cosa que no nos sorprendió pues era bien conocido que la ciudad estaba considerada como "una delas ciudades con el mayor índice de delincuencia del mundo".


Mónica y Paloma haciendo tiempo en el jardín de la piscina del hotel Holiday Inn de Johannesburgo en el que nos alojamos.


De Johannesburgo  se decía que, aparte de ser una ciudad muy insegura, apenas había dos o tres sitios que merecían la pena ver: El Museo del Apartheid, el centro Nelson Mandela Square y Soweto, su barriada más grande e importante. El problema era que no teníamos mucho tiempo, tan solo medio día  para poder ver algo de la ciudad.  Desde el aeropuerto, que distaba 22 kms de Johannesburgo,  nos acercaron en un autobús a nuestros distintos hoteles. A nosotros nos tocó el Holiday Inn que quedaba a las afueras de la ciudad frente a un gran centro comercial.


Salón comedor del hotel Holiday Inn de JHB.


El Holiday Inn estaba en una gran parcela vallada, como casi casi todos los hoteles de Sudáfrica, y tenía buen aspecto, con un jardín interior grande con mesas y sillas para tomar algo relajadamente, una pequeña piscina y un pequeño gimnasio con aparatos para practicar deporte y que llegamos a utilizar Mónica y yo  una tarde antes de cenar.


Un avión comercial sobrevolando a baja altura nuestro Hotel Holiday Inn de Johhanesburgo. Todo un espectáculo y sorpresa.


La primera sorpresa que nos llevamos fue cuando estando en el jardín sentados tranquilamente en una mesa tomando unos refrescos de improviso, sobre nuestras cabezas, a un ruido de motores ensordecedor le siguió la visión de una panza de avión que volaba bajísimo sobre nosotros. A los dos o tres vuelos rasantes siguientes ya nos parecía hasta una curiosidad que quisimos gravar con nuestros móviles.


JC y Paloma contemplando el skyline de Johannesburgo desde uno de los barrios altos de la ciudad.


Una vez hecho el chekking, en vista de que no podíamos contactar con los agentes del circuito, decidimos buscarnos la vida por nuestra cuenta y hablamos con la recepción del hotel para ver qué opciones había de aprovechar la tarde y comer. Nos ofrecieron la posibilidad de que un empleado taxista del propio hotel nos enseñara algunos sitios interesantes de la ciudad y después acercarnos a Soweto por un precio que nos pareció bien. Hacia las dos del mediodía el taxista, un hombre negro, alto y fortachón nos recogió en su camioneta donde cabíamos perfectamente los cinco y acordamos con el los lugares que queríamos visitar como el Nelson Mandela Square, el Museo del Apartheid, el barrio de Maboneng que era famoso por sus grafitis y, por supuesto, Soweto, incluido un tiempo para comer en algún sitio.


Selfie de los 5 con el skyline de Johannesburgo de fondo.